Los ladrilleros, al margen del despegue inmobiliario

Alta Gracia, Córdoba, Argentina: 27/04/2008

Los ladrilleros, al margen del despegue inmobiliario

En la zona de Villa del Prado funcionan unos 40 cortaderos.

La provisión de ladrillos es un aspecto fundamental para el negocio inmobiliario en pleno crecimiento. En Villa del Prado, en el kilómetro 28 de la ruta provincial cinco, a pocos kilómetros de Alta Gracia existen alrededor de 40 cortaderos de ladrillos.

Al acceder al lugar, los caminos de tierra delimitan la ruta a recorrer. En los días de lluvia es casi imposible ingresar o salir del sector. La mayoría de los hogares no posee los servicios básicos como agua potable o cloacas. En ese marco conviven varias familias que se dedican cada día a la fabricación de ladrillos.

La jornada laboral comienza cuando sale el sol y suele extenderse por más de ocho horas, pero depende del clima. Mercedes, quien hace más de 20 años que se dedica a ello resaltó que “se trabaja todos los días menos cuando llueve”.

Para la elaboración de los ladrillos se necesitan cuatro elementos principales: barro, liga (guano del caballo), aserrín y agua. Jorge, de 22 años, encargado del cortadero familiar indicó que el agua de la zona no es potable, por ello deben buscar ese líquido en Alta Gracia.

Tiempo atrás, la mayoría de esos elementos eran gratuitos o más baratos como el guano o el aserrín (60 pesos). Además, el joven señaló que el flete aumentó el 75 por ciento debido a las subas en el gasoil. Con respecto a la leña de eucaliptus, necesaria para el horneado de los ladrillos, manifestó que hace cuatro años atrás costaba 12 pesos el metro, pero que en la actualidad alcanza los 40 pesos. Para un horno de 20 mil ladrillos se requieren aproximadamente 20 metros de leña.

La producción semanal ronda los 10 mil ladrillos. Pero esto depende de si son comunes o semi vistos (los que están en el frente de las viviendas), estos últimos requieren mayor elaboración y un horneado más lento.

“Generalmente, contratamos a tres personas para cortar ladrillos y dos banqueteando (para armar el horno) –puntualizó Mercedes–; cortamos dos mil ladrillos por la mañana; al mediodía seguimos cortando, y al otro día se apilan los oreados. Si está lindo se apilan a la tarde”.

Ventas y clientes. A pesar de que con el boom de la construcción los ladrillos aumentaron sus ventas, por la misma razón, los cortaderos de ladrillos se incrementaron. “Antes había tres o cuatro, ahora hay muchos y la gente busca donde sean más baratos”, indicó la madre de Jorge.

En la época de crisis, cuando el negocio inmobiliario registraba un estancamiento, los mil ladrillos llegaron a costar 60 pesos. Es decir que con la producción de dos semanas completas, (si las condiciones climáticas lo permitían), se ganaban 1.200 pesos. Ese dinero se repartía entre las familias que vivían del cortadero. En la actualidad los mil ladrillos comunes cuestan alrededor de 300 pesos.

“Muchas veces no entienden que el ladrillo es lo más barato de la construcción, si vos vas a comprar una puerta de algarrobo está a 700 pesos o 800 pesos”, puntualizó Jorge. En las ferreterías el precio de este elemento asciende a alrededor de 400 pesos.

Las condiciones climáticas adversas como la lluvia o el viento pueden provocar graves daños a la producción. Con algunas tormentas que se registraron durante febrero se perdieron en un solo día alrededor de cuatro mil ladrillos. Además, muchos debieron suspender sus actividades y buscar trabajos temporales ese mes.

Futuro crítico. Algunos jóvenes del lugar comienzan en los cortaderos alrededor de los 15 años de edad y suelen abandonar sus estudios. En la zona son pocas las posibilidades laborales, entre ellas, el aserradero o la molienda. Algunas mujeres también se dedican a este oficio.

“Yo hay días que no puedo trabajar. Mi papá empezó el cortadero con nosotros, yo era chica tenía13 años y ahora tengo 33 años”, destacó Mabel, quien en la actualidad colabora con el cortadero de su marido. Además destacó que aunque se vive al día, lo que gana lo invierte en su hogar.

Las consecuencias de esta actividad incluyen dolores de espalda, calambres o artritis. “A mi marido se le hacían los dedos así como torcidos. Él tiene las uñas como si estuvieran cortadas, porque el de chico de 12 años que cortaba ladrillos”, destacó una de las mujeres del cortadero. En la actualidad su marido ronda los 60 años y ya no puede trabajar.

Cuando se les consultó sobre cuáles eran los aspectos negativos del oficio la mayoría respondió que eran muchos. El agua helada en las manos los días fríos, las carretillas pesadas por la columna, el calor de las tres de la tarde en verano, fueron sólo algunas de las respuestas.

“Nosotros no queremos que trabaje más él y que busque otro trabajo porque final se deja la vida en los cortaderos”, concluyó la madre de Jorge.

http://www2.lavoz.com.ar/nota.asp?nota_id=184527

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